miércoles, 6 de mayo de 2015

El cuento número 13, de Diane Setterfield

Aviso spoiler, puedes considerar que lo hago, pero si has leído descubrirás que sólo uso el argumento para motivar mi opinión. 

Es uno de esos libros cuyo título no es en apariencia ninguna pista de su argumento. Leyendo el propio libro comprendes que el Cuento número 13 es el que está dictando una protagonista a otra mientras tú pasas las páginas.
La dictadora es una escritora que encarga a una biógrafa aficionada la confección de sus memorias, las definitivas, las que supuestamente pondrán fin a un sinfín de misterios relacionados con el origen y pasado de Vida Winter (observar en el pseudónimo un homenaje a Rebeca, que a su vez era una revisión de Maurier sobre el clásico de Charlotte Brönte: Jane Eyre).
Tras una desconfianza inicial de Margaret causada por los falsos dossieres de prensa que Winter repartía en las diversas presentaciones de sus obras se pone manos a la obra. La narración de su pasado explicará por si mismo las razones que impedían facilitar datos sobre su persona.
La elección de Margaret para hacer estas esperadas revelaciones no es casual, a ambas las une un pasado marcado por hermanos gemelos.
Y esta es la historia de un par de gemelas, y la historia secundaria de otras gemelas. En la principal se muestra una relación enfermiza causada por la locura, el abandono y el aislamiento en la que las dos gemelas componen toda la esfera de afectos posibles la una para la otra dado el entorno en el que viven.
El misterio de los gemelos, hermanos cuya relación suele estar inmersa en misterios que el resto de los mortales no alcanzamos a comprender por más hermanos que tengamos. Éste es uno de los temas principales de esta obra. Pero además esta novela solapa otras temáticas como la decadencia de la aristocracia rural inglesa que empezó a acusarse tras la Primera Guerra Mundial, como diversas obras ilustran. Así también se tratan los rasgos más íntimos de esta decadencia provocada por el aislamiento, las rígidas estructuras sociales y las diferencias acusadas de clase que hacían que la endogamia afectara de modo notable a la descendencia de estos aristócratas en la salud, sobre todo psíquica. Tema éste que apenas se trasluce en las obras de Jane Austen en cuanto a la rigidez clasista y la problemática para conseguir pareja en una sociedad apartada, escasa y tendente a subrayar la mínima diferencia. Más podría decirse que la Jane Eyre de Charlotte Brönte es homenajeada de una forma insistente en esta obra que exuda amor por los libros, la escritura y el poder salvador de la lectura en circunstancias extremas.
Si has llegado hasta aquí sobra decir que ME HA GUSTADO, a lo mejor literariamente no tiene muchos hallazgos, pero el argumento tras esas desconfianzas iniciales que te aburren un poco te tiene en vilo. Como dirían los cursis es un cuento cruel y gótico, y los que hemos amado a las Brönte disfrutamos mucho con los diversos homenajes que alcanzamos a discernir.

Por último añadir que creo haber apreciado un tema subyacente como el desapego de los padres por los hijos, bien desde el inicio, bien por circunstancias. Es un tema que últimamente se repite en diversos autores y obras, un tema tabú en la sociedad lo que lo hace doblemente cruel, porque el individuo además de vivir sin el afecto lógico que se observa en cualquier padre o madre por su hijo tiene que sufrir en silencio porque queda muy mal decir que tus padres no te quieren y no se han ocupado de ti como debieran, supongo que esto sucede por una especie de corporativismo.


Si te ha gustado mi reseña y te gustaría que reseñase algún libro escrito por ti o de tu editorial ponte en contacto con ordalisea@gmail.com

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